domingo, 22 de marzo de 2020

EL COMIENZO



El comienzo

En diciembre de 2019, los temas más divulgados en emisoras radiales, televisión y periódicos de Argentin eran una exhibición de distintos tipos de violencia encubierta. 
La llamada "grieta" que había estado separando a los argentinos desde hacía ya cuatro años continuaba ensanchándose. No había un solo grupo de Facebook en el que no se mostraran comentarios cargados de odio, insultos de todo tipo y burlas destinadas a los que estaban "del otro lado". Es decir, de simpatizantes del kirchnerismo hacia los que mantenían su adhesión a Mauricio Macri, quien acababa de finalizar su mandato.
Las mujeres feministas añadieron su granito de arena,  con manifestaciones cargadas de violencia en calles y plazas. Quienes apoyaban la aprobación del aborto legal y gratuito exhibían sus pañuelos verdes orgullosamente; los que estaban en contra, las denostaban con la peor adjetivación posible. 
Los precios continuaban subiendo, pese a la promesa que en la campaña electoral el presidente Alberto Fernández había hecho. 
El gobierno disminuyó notablemente el aumento de las jubilaciones, manteniendo solamente las de quienes cobraban el mínimo. Simultáneamente, el incremento de las retribuciones de legisladores y funcionarios públicos aumentaba el resentimiento y los motivos de quejas de un gran sector del pueblo.
El descontento parecía ser una condena perpetua para los argentinos.

Entre el 12 y 29 de diciembre de 2019 fueron apareciendo en Wuan, China, casos de neumonía originados por un virus hasta entonces desconocido. Con el tiempo, surgiría una explicación teórica que atribuye este virus a la costumbre del pueblo chino de consumir carne cruda de murciélago. Recién en enero del 2020 lo identificó como coronavirus 2019-nCov, como lo denominó la OMS. El 11 de enero se produjo en China la primera muerte a causa de este virus y en pocos días, se anunciaban fallecimientos por la misma causa en Tailandia y Japón. El 20 de enero, China reportaba 139 casos y tres fallecimientos, lo que los llevó a decidir el cierre de aeropuertos y estaciones de ferrocarriles como medida preventiva. No obstante, un comité de emergencia convocado por la OMS aseguró que el coronavirus de Whaun aún no constituía una emergencia internacional para la salud pública. El 24 de enero se reportaron los primeros casos en Francia, el primer país de Europa que recibió el contagio. El 26 de enero ya había más de 2.700 casos confirmados en China y 50 en otras partes del mundo. El 27 de enero China contaba con 100 muertos.

El 24 de enero se reportan los primeros casos en Francia, el primer país de Europa que recibe el contagio. 

Pero, mientras tanto, en Argentina  leíamos estas noticias con el mismo interés con que se hubiera visto el adelanto de una película de ciencia ficción que no teníamos el menor interés en mirar. China era el otro lado del mundo, Europa era un continente con suficientes adelantos científicos como para salir de la situación creada. Por nuestra parte, no había nada que pudiéramos hacer.

Por otra parte, una ola de calor agobiante nos quitaba el interés por todo lo que no fuera modo de refrescarnos. Los que se encontraban en mejor situación económica, proyectaron viajes al exterior, que luego muchos se vieron forzados a cambiar por hacer turismo en nuestro país, debido a las condiciones impuestas por el nuevo gobierno para quienes adquirieran dólares: un 30% de incremento en la suma a pagar.

En mi caso particular, como mi marido habíamos pasado una semana en Mendoza con el propósito de buscar una vivienda para alquilar de manera permanente, porque habíamos decidido radicarnos en esa provincia.
El día antes del regreso, encontramos una casa en Godoy Cruz, unas horas antes de emprender el regreso firmamos el contrato y regresamos a nuestra casa, en Pueblo Nuevo, Luján, provincia de Buenos Aires. A partir de allí, aún agobiados por el calor, emprendimos la tarea de empacar todo lo que debíamos trasladar en la mudanza, vender algunos muebles y otros objetos, incluido un viejo Falcon, que finalmente quedó en manos del hijo de mi esposo para que se ocupara de su venta.

Reuniones de despedida de familiares, de algunos amigos y conocidos, gente que nos despidió con afecto, admirando nuestro valor de emprender un cambio tan importante a la edad en que muchos se resignan en dejar pasar la vida sin hacer más.
No pensábamos en el coronavirus. Nadie hablaba de eso. Pero el virus seguía su camino, abriéndose paso en otros países.


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