lunes, 4 de mayo de 2020

Pesadillas en aislamiento

Sueños gratos y pesadillas se alternan en las noches donde es cada vez más difícil conciliar el sueño. Fuera de esto, la vida para nosotros tiene una rutina establecida; levantarnos, desayunar, lavar las tazas, cada uno decide cómo seguir. Por lo general, me ocupo de ventilar la casa, arreglar la cama, poner ropa a lavar, revisar los mensajes en mi celular, echar un vistazo al facebook, por lo general esto mismo hace Pablo al mismo tiempo.
Algunos días, decido ir al supermercado a hacer alguna compra. Ahora, desde el miércoles 15, es obligatorio ponerse el barbijo o bozal, como lo llamo yo. Me debo cambiar el calzado de entre casa y ponerme un par de zapatillas viejas que permanecen en una caja de cartón frente a la puerta de la cocina, que da al garaje. Al regresar, la ceremonia de desinfección termina siendo más prolongada que todo el trámite de la compra, sobre todo ahora que aprendí a qué hora va menos gente al supermercado y aprovecho a hacer las compras a esa hora, que es entre las 12.30 y las |13.30.
Cuando llego, limpio con alcohol en gel el llavero y las manijas de las puertas que he tocado, me quito el barbijo y lo coloco en una palangana con agua con jabón y un chorrito de lavandina, que ya dejé preparada previamente. Antes de eso, me he cambiado el calzado, las bolsas con las compras son vaciadas y cada uno de los paquetes o cajas o botellas, de vidrio o plástico, son lavadas una por una con agua jabonosa, enjuagadas y secadas, antes de guardarlas en su correspondiente lugar. Las bolsas, al lavadero, donde serán puestas en remojo o directo al lavarropas. Ya mis manos están super limpias y resecas, me he sacado parte de la ropa que usé en la calle, ahora falta pasar un trapo con lavandina por el piso de la cocina, ya que en él estuvo apoyada alguna de las bolsas y pasaron las ruedas del carrito que llevé para traer las compras.
Limpiar cuidadosamente los anteojos y el celular, nada se salva. Y ya estoy cansada y sin ganas de hacer nada, pero hay que seguir con la rutina. 
He ido perdiendo mi gusto por cocinar, por escribir, por buscar películas en Netflix, siempre en mi computadora portátil, porque el smart tv que compré con esa finalidad, rara vez se conecta al sistema, debido a que ahora todo el mundo está prendido a internet como único medio de distracción.
Por algunos días, jugábamos a los dados, a los naipes y al scruble, que me regaló mi nieto, pero ahora tampoco eso me gusta ya, me he aburrido de todo lo que tengo a mi alcance para entretenerme.
Me comunico poco con mis hijos. Sé que ellos también están encerrados, Pablo no puede trabajar porque nadie quiere encargar muebles y recibirlos en sus casas, por las dificultades económicas y por temor a que tengan algún virus oculto, nunca se sabe.
A estas alturas, vemos virus por todas partes, y tal vez no sea de ese modo, pero el temor ha ido ganando espacios.
Sonia, mi nuera, tampoco puede vender sus colchas, sábanas y cortinas que por tanto tiempo fueron su medio de vida, por iguales razones. Mi hijo Alejandro sí, puede seguir trabajando desde su casa
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, al igual que mi nieta Luz, que regresó a la casa paterna apenas unas semanas después de haber alquilado un hermoso apartamento en Buenos Aires, porque allí trabajaba y asistía a clases del último año de su carrera universitaria.

Luisina, mi otra nieta, hermana de Luz, se ha quedado en su apartamento alquilado en Luján, aunque se hizo algunas escapadas para visitar a sus padres y hermana. Ella también puede trabajar por internet, ordena sus placares y mira series en Netflix.
De mi nieta Camila, la hija mayor de Pablo, no sé nada. Belén, su hermana menor, que vive en San Rafael, Mendoza, hace un mes fue a Luján a visitar a su padre y abuelos maternos y la cuarentena la obligó a permanecer allá. 
Así es la vida ahora, gracias al virus.
Hoy, 17 de abril, en Godoy Cruz el clima estuvo hermoso, cálido y soleado, pero luego de pasar una noche pésima, no quise salir a dar ni una vuelta de manzana.

Coronavirus en Argentina hoy: 2669 casos confirmados. 128 casos nuevos. Muertes: 128. Recuperados: 631. Dos nuevos fallecimientos se produjeron en el día de hoy: un hombre de 62 años, en el Hospital del Carmen, de Mendoza, y una mujer de 64 en la provincia de La Rioja.




Como vivimos el aislamiento en Mendoza

4 de mayo 2020.
La cuarentena, en lo que al término exacto de "cuarentena" significa, ya ha sido superada. Llevamos 45 días de "aislamiento social preventivo obligatorio", según la definición oportunamente dada por el presidente Alberto Fernández.
Hace una semana, en Mendoza tenemos permiso para "salidas recreativas" de una hora de duración, a no más de 500 metros de nuestras respectivas casas, tal como decretó el presidente. En nuestra provincia, el gobierno ha decidido ordenar estas salidas de acuerdo al número de documento, estableciendo que quienes tenemos documentos terminados en 0,1, 2, 3, 4 y 5 podrán hacerlo los días lunes, miércoles, viernes y domingos hasta el mediodía. Este mismo régimen corre para salir a hacer las compras, por lo cual si vamos al supermercado estos días en que está permitido hacerlo, debemos llevar muy a mano nuestro DNI porque si no, no nos permiten entrar. En los comercios más pequeños o de barrio, la medida no se sigue de manera tan estricta; en algunos negocios han puesto en sus vidrieras el cartel que anuncia: "hoy se atienden las personas con los DNI terminados en ...",  pero en la mayoría no se pone nada de esto.
Frente al supermercado VEA, donde habitualmente hacemos las compras, hay una cuadra completa de comercios: dos verdulerías, una carnicería que también vende pescado, un puesto de venta de pan y facturas, dos almacenes pequeños y un kiosco. Durante los primeros quince días del aislamiento, ninguno de ellos abrió sus puertas, excepto la carnicería y el puesto de pan, pero ahora todos están abiertos, siempre en un horario limitado: de 9 de la mañana a las 14. Luego, no se encuentra ningún lugar donde hacer compra alguna. De todos modos, la costumbre en Mendoza es dormir la siesta, así que no creo que extrañen demasiado este hecho.
Hay muy pocos automóviles circulando por las calles de Godoy Cruz, porque hay un control bastante estricto; la policía detiene al automóvil y pide la documentación, para asegurarse de que la persona esté circulando el día que le está permitido, pero también debe llevar una autorización que justifique su salida, que puede ser su trabajo, el atender a persona mayor que está a su cuidado o un turno médico o en alguna institución bancaria.
Por supuesto, tanto las personas que caminan por las calles como quienes van en automóvil o utilizan el escaso transporte público habilitado, deben usar de manera permanente un barbijo. Algunos se los sacan para atender su celular o para fumar, esto he visto en nuestras caminatas por el barrio, pero ignoro si en la ciudad de Mendoza se permitirán esas libertades, debido a que allá hay mayor control.
A las 19, se oye sonar una sirena, que indica que ya no es conveniente que nadie ande por la calle. Como si estuviéramos en estado de sitio, pero no hay tal.
Incluso se ha permitido la salida de niños, siempre en compañía de alguna persona mayor, y con el barbijo. Se habla de que este aislamiento se extenderá hasta el 10 de mayo, pero luego se lo extenderá quince días más y así sucesivamente. Al parecer, oyendo los comentarios y anuncios del gobierno nacional, se espera un aumento importante de casos de COVID 19, pero hasta ahora solo se ha advertido un incremento de casos en algunas zonas, como las Villas de la provincia de Buenos Aires, donde la gente vive en condiciones de hacinamiento que hacen más difícil que puedan cuidarse.
En Mendoza, hasta ayer teníamos 9 fallecidos a causa de este virus, además de 79 casos confirmados, pero también muchos recuperados. Todos los contagiados habían realizado viajes al exterior o tenido un contacto estrecho con alguien llegado de otros países. En cambio, en Luján, Buenos Aires, donde vivía hasta mediados de enero de este año, se han producido casos de COVID por "circulación comunitaria", es decir que no tuvieron relación con el turismo ni turistas. Allí, también tuvieron 3 fallecidos y se incrementaban los casos de contagio.
Por ahora, no se permite el viaje de una provincia a otra, es decir que quienes habían viajado de una provincia o ciudad a otra, deberán permanecer allí hasta que se habiliten los permisos.
Mi nieta Belén con su pareja, Uriel, habían viajado desde San Rafael, Mendoza, a Luján Buenois Aires, ya ha pasado más de un mes y aún no saben cuándo podrán regresar a su departamento y trabajos.
Estamos cansados, la mayoría empieza a manifestar señales de agobio, de aburrimiento, depresión, insomnio, falta de apetito, desinterés sexual, daños colaterales de la gran pandemia. Y no sabemos cuánto tiempo deberemos seguir esperando para regresar a una vida normal.