jueves, 13 de enero de 2022

Sobreviviendo al virus y sus mutaciones

 Hoy es 13 de enero del año 2021. Hemo sobrevivido a casi dos años enteros enmascarados, usando alcohol en gel y manteniéndonos lo más apartados posibles de otros seres humanos, incluidas nuestras propias familias.

Bueno, en realidad no todos hemos hecho esto... Con el paso de los meses, durante el segundo año, muchos han sido los rebeldes que han dejado de lado sus mascarillas y olvidado el alcohol, aún el Presidente de Argentina hace unos meses dio a entender que el peligro del coronavirus había terminado. Muchas polémicas surgieron al inicio de las primera vacunas; se puso en duda su eficiencia, de discutió la validez de utilizarlas, surgieron movimientos antivacunas, hubo bromas y memes de todo tipo refiriéndose a posibles consecuencias de estas vacunas, pero finalmente un alto porcentaje de ciudadanos aceptamos la vacunación. Ahora hemos llegado a la tercera dosis, aunque el movimiento antivacuna continúa -desgraciadamente- poniendo a muchos a un lado, con posibilidad no solo de enfermarse ellos mismos sino también de continuar transmitiendo el virus a otros. 

Surgieron nuevas "variantes", pero al parecer el efecto de este virus ya no es tan devastador, las muertes han disminuido y también las precauciones de una gran mayoría. Ya nadie quiere encerrarse por temor a enfermar, muchos gobiernos están considerando seriamente aceptar al Covid como una enfermedad endémica y no pandémica, lo que significaría que podemos vivir corriendo el riesgo a enfermarnos, tal como vivíamos el riesgo de contraer una gripe, sin necesidad de cambiar nuestra rutina de vida.

El virus ha existido. Muchas gente ha estado gravemente enferma, ha sobrevivido y le han quedado secuelas que no puede superar. Muchos han muerto. No ha sido una "confabulación mundial" para tenernos controlados, como se empecinan en sostener algunos. La única verdad es que esto ha sido real. ¿Cómo seguirá esta historia? Personalmente, creo que las vacunas son la única solución posible, como lo fue para la poliomielitis, la viruela, el sarampión, la viruela, las paperas y tantas enfermedades que muchos de nosotros tuvimos que sobrellevar durante la niñez. Siempre fui defensora de las vacunas y sigo pensando de la misma manera. Solamente deseo que de alguna manera, esta ridícula desconfianza de tantos se vaya evaporando y un día el Covid pase a ser solo un recuerdo desagradable para el mundo.

martes, 7 de septiembre de 2021

Un año enmascarados

 Parece mentira que haya pasado más de un año desde el inicio oficial de las restricciones relacionadas con la pandemia. 

En Mendoza lo hemos pasado bastante liviano, a pesar de todo, pues los comercios trabajaron, se pudo hacer turismo interno a partir de septiembre del 2020 y ahora ya estamos prácticamente liberados.

Se sigue usando el barbijo, que ha servido para el desarrollo de la creatividad de muchos fabricantes, porque los hubo de todos los colores y dibujos posible. Finalmente, están de moda los del Conicet, que son grises, poco vistosos pero al menos no dan vueltas las orejas porque el elástico es bastante ligero.

Lo más difícil de llevar ha sido la incertidumbre sobre las vacunas y la posibilidad de que alguien de la familia se contagie. Por suerte, de mi familia nadie se ha contagiado y ya estamos todos vacunados con las dos dosis.

Durante este año y medio donde el tema central ha sido la pandemia, muchas parejas se han disuelto. La forzada convivencia sin posibilidades de pasar tiempo separados y con otras personas han dado como resultado que se han descubierto en el otro fallas insuperables, la rutina inapelable ha sido cruel y el resultado ha sido, en muchos casos, la separación. Otros, sobrevivimos la prueba, aunque no estoy segura de que no hayan quedado algunas lesiones difíciles de olvidar. Evidentemente, no estamos hechos para vivir encerrados y sin contacto con otros seres humanos. Visitarse, conversar con otros, hacer presentaciones de libros con público, ir al teatro o al cine, incluso la asistencia a las iglesias han sido suprimidas durante mucho tiempo, esto ha dejado secuelas en demasiados grupos humanos.

Ahora, estamos intentando volver a la normalidad, lenta pero inevitablemente.

Por primera vez, recibí la visita de uno de mis hijos con su mujer y una nieta, la otra no pudo venir por razones laborales. Luego, una hija de mi pareja también vino a pasar unos días en casa, hubo paseos, visitas guiadas modo turismo, mucho movimiento, pero sigo sintiendo que algo falta en nuestra vida.

Espero que no vuelva a aparecer otra complicación que nos obligue al encierro, sobre todo ahora, que se aproxima la primavera y luego, el intenso verano mendocino.


lunes, 4 de mayo de 2020

Pesadillas en aislamiento

Sueños gratos y pesadillas se alternan en las noches donde es cada vez más difícil conciliar el sueño. Fuera de esto, la vida para nosotros tiene una rutina establecida; levantarnos, desayunar, lavar las tazas, cada uno decide cómo seguir. Por lo general, me ocupo de ventilar la casa, arreglar la cama, poner ropa a lavar, revisar los mensajes en mi celular, echar un vistazo al facebook, por lo general esto mismo hace Pablo al mismo tiempo.
Algunos días, decido ir al supermercado a hacer alguna compra. Ahora, desde el miércoles 15, es obligatorio ponerse el barbijo o bozal, como lo llamo yo. Me debo cambiar el calzado de entre casa y ponerme un par de zapatillas viejas que permanecen en una caja de cartón frente a la puerta de la cocina, que da al garaje. Al regresar, la ceremonia de desinfección termina siendo más prolongada que todo el trámite de la compra, sobre todo ahora que aprendí a qué hora va menos gente al supermercado y aprovecho a hacer las compras a esa hora, que es entre las 12.30 y las |13.30.
Cuando llego, limpio con alcohol en gel el llavero y las manijas de las puertas que he tocado, me quito el barbijo y lo coloco en una palangana con agua con jabón y un chorrito de lavandina, que ya dejé preparada previamente. Antes de eso, me he cambiado el calzado, las bolsas con las compras son vaciadas y cada uno de los paquetes o cajas o botellas, de vidrio o plástico, son lavadas una por una con agua jabonosa, enjuagadas y secadas, antes de guardarlas en su correspondiente lugar. Las bolsas, al lavadero, donde serán puestas en remojo o directo al lavarropas. Ya mis manos están super limpias y resecas, me he sacado parte de la ropa que usé en la calle, ahora falta pasar un trapo con lavandina por el piso de la cocina, ya que en él estuvo apoyada alguna de las bolsas y pasaron las ruedas del carrito que llevé para traer las compras.
Limpiar cuidadosamente los anteojos y el celular, nada se salva. Y ya estoy cansada y sin ganas de hacer nada, pero hay que seguir con la rutina. 
He ido perdiendo mi gusto por cocinar, por escribir, por buscar películas en Netflix, siempre en mi computadora portátil, porque el smart tv que compré con esa finalidad, rara vez se conecta al sistema, debido a que ahora todo el mundo está prendido a internet como único medio de distracción.
Por algunos días, jugábamos a los dados, a los naipes y al scruble, que me regaló mi nieto, pero ahora tampoco eso me gusta ya, me he aburrido de todo lo que tengo a mi alcance para entretenerme.
Me comunico poco con mis hijos. Sé que ellos también están encerrados, Pablo no puede trabajar porque nadie quiere encargar muebles y recibirlos en sus casas, por las dificultades económicas y por temor a que tengan algún virus oculto, nunca se sabe.
A estas alturas, vemos virus por todas partes, y tal vez no sea de ese modo, pero el temor ha ido ganando espacios.
Sonia, mi nuera, tampoco puede vender sus colchas, sábanas y cortinas que por tanto tiempo fueron su medio de vida, por iguales razones. Mi hijo Alejandro sí, puede seguir trabajando desde su casa
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, al igual que mi nieta Luz, que regresó a la casa paterna apenas unas semanas después de haber alquilado un hermoso apartamento en Buenos Aires, porque allí trabajaba y asistía a clases del último año de su carrera universitaria.

Luisina, mi otra nieta, hermana de Luz, se ha quedado en su apartamento alquilado en Luján, aunque se hizo algunas escapadas para visitar a sus padres y hermana. Ella también puede trabajar por internet, ordena sus placares y mira series en Netflix.
De mi nieta Camila, la hija mayor de Pablo, no sé nada. Belén, su hermana menor, que vive en San Rafael, Mendoza, hace un mes fue a Luján a visitar a su padre y abuelos maternos y la cuarentena la obligó a permanecer allá. 
Así es la vida ahora, gracias al virus.
Hoy, 17 de abril, en Godoy Cruz el clima estuvo hermoso, cálido y soleado, pero luego de pasar una noche pésima, no quise salir a dar ni una vuelta de manzana.

Coronavirus en Argentina hoy: 2669 casos confirmados. 128 casos nuevos. Muertes: 128. Recuperados: 631. Dos nuevos fallecimientos se produjeron en el día de hoy: un hombre de 62 años, en el Hospital del Carmen, de Mendoza, y una mujer de 64 en la provincia de La Rioja.




Como vivimos el aislamiento en Mendoza

4 de mayo 2020.
La cuarentena, en lo que al término exacto de "cuarentena" significa, ya ha sido superada. Llevamos 45 días de "aislamiento social preventivo obligatorio", según la definición oportunamente dada por el presidente Alberto Fernández.
Hace una semana, en Mendoza tenemos permiso para "salidas recreativas" de una hora de duración, a no más de 500 metros de nuestras respectivas casas, tal como decretó el presidente. En nuestra provincia, el gobierno ha decidido ordenar estas salidas de acuerdo al número de documento, estableciendo que quienes tenemos documentos terminados en 0,1, 2, 3, 4 y 5 podrán hacerlo los días lunes, miércoles, viernes y domingos hasta el mediodía. Este mismo régimen corre para salir a hacer las compras, por lo cual si vamos al supermercado estos días en que está permitido hacerlo, debemos llevar muy a mano nuestro DNI porque si no, no nos permiten entrar. En los comercios más pequeños o de barrio, la medida no se sigue de manera tan estricta; en algunos negocios han puesto en sus vidrieras el cartel que anuncia: "hoy se atienden las personas con los DNI terminados en ...",  pero en la mayoría no se pone nada de esto.
Frente al supermercado VEA, donde habitualmente hacemos las compras, hay una cuadra completa de comercios: dos verdulerías, una carnicería que también vende pescado, un puesto de venta de pan y facturas, dos almacenes pequeños y un kiosco. Durante los primeros quince días del aislamiento, ninguno de ellos abrió sus puertas, excepto la carnicería y el puesto de pan, pero ahora todos están abiertos, siempre en un horario limitado: de 9 de la mañana a las 14. Luego, no se encuentra ningún lugar donde hacer compra alguna. De todos modos, la costumbre en Mendoza es dormir la siesta, así que no creo que extrañen demasiado este hecho.
Hay muy pocos automóviles circulando por las calles de Godoy Cruz, porque hay un control bastante estricto; la policía detiene al automóvil y pide la documentación, para asegurarse de que la persona esté circulando el día que le está permitido, pero también debe llevar una autorización que justifique su salida, que puede ser su trabajo, el atender a persona mayor que está a su cuidado o un turno médico o en alguna institución bancaria.
Por supuesto, tanto las personas que caminan por las calles como quienes van en automóvil o utilizan el escaso transporte público habilitado, deben usar de manera permanente un barbijo. Algunos se los sacan para atender su celular o para fumar, esto he visto en nuestras caminatas por el barrio, pero ignoro si en la ciudad de Mendoza se permitirán esas libertades, debido a que allá hay mayor control.
A las 19, se oye sonar una sirena, que indica que ya no es conveniente que nadie ande por la calle. Como si estuviéramos en estado de sitio, pero no hay tal.
Incluso se ha permitido la salida de niños, siempre en compañía de alguna persona mayor, y con el barbijo. Se habla de que este aislamiento se extenderá hasta el 10 de mayo, pero luego se lo extenderá quince días más y así sucesivamente. Al parecer, oyendo los comentarios y anuncios del gobierno nacional, se espera un aumento importante de casos de COVID 19, pero hasta ahora solo se ha advertido un incremento de casos en algunas zonas, como las Villas de la provincia de Buenos Aires, donde la gente vive en condiciones de hacinamiento que hacen más difícil que puedan cuidarse.
En Mendoza, hasta ayer teníamos 9 fallecidos a causa de este virus, además de 79 casos confirmados, pero también muchos recuperados. Todos los contagiados habían realizado viajes al exterior o tenido un contacto estrecho con alguien llegado de otros países. En cambio, en Luján, Buenos Aires, donde vivía hasta mediados de enero de este año, se han producido casos de COVID por "circulación comunitaria", es decir que no tuvieron relación con el turismo ni turistas. Allí, también tuvieron 3 fallecidos y se incrementaban los casos de contagio.
Por ahora, no se permite el viaje de una provincia a otra, es decir que quienes habían viajado de una provincia o ciudad a otra, deberán permanecer allí hasta que se habiliten los permisos.
Mi nieta Belén con su pareja, Uriel, habían viajado desde San Rafael, Mendoza, a Luján Buenois Aires, ya ha pasado más de un mes y aún no saben cuándo podrán regresar a su departamento y trabajos.
Estamos cansados, la mayoría empieza a manifestar señales de agobio, de aburrimiento, depresión, insomnio, falta de apetito, desinterés sexual, daños colaterales de la gran pandemia. Y no sabemos cuánto tiempo deberemos seguir esperando para regresar a una vida normal.

martes, 14 de abril de 2020

13 de ABRIL




Hoy, 13 de abril, se ha cumplido un mes más del fallecimiento de mi nieto Juan Pablo. Un triste, doloroso recuerdo. Un momento de esos que no se pueden comparar a ninguna otra experiencia de nuestra vida, algo que dolerá siempre, pase el tiempo que pase. Aunque, si creo que hubiera sido mucho más complicado para mi hijo y mi nuera sobrellevar esta situación si Juan estuviera allí, en su silla de ruedas, sin poder encontrarse con sus amigos, ni participar en su grupo, por ejemplo. Todo es más complicado cuando tenemos a personas con cualquier tipo de discapacidad a nuestro cuidado. Pero él era un niño inteligente y seguro hubiera sabido comportarse adecuadamente, habría estado aconsejando a otros, impartiendo ánimo y consuelo a los demás. No hay muchos adolescentes como mi nieto...
Yo sigo acá, ya estoy perdiendo el entusiasmo por mi grupo, incursiono menos en internet y yo he vuelto a escribir h,,,,istorias. Siempre vuelve mi viejo pensamiento: "¿para qué...?
Si no hay muchos a quienes les interese leer lo que escribo, Cristina Galeano dijo que iba a seguirme si continuaba colocando mi cuento "Sobrevivientes" en el face, pero solo ha leído la primer parte y la segunda ya no tiene comentarios. No voy a seguir poniéndolo.
Podría hacer tantas cosas... me digo a mí misma. Mi curso de photoshop, que no he continuado. Colocar mis libros en Amazon, tampoco he seguido. La verdad, no debo asombrarme, soy así, irrecuperable. Ahora digo que este encierro me está matando, pero en realidad es algo que concuerda con mi personalidad, no creo que sería muy diferente si estuviera en Pueblo Nuevo, además de que con esto de la cuarentena igual no podría ver a mis hijos y nietas.
En Mendoza, el 10% de infectados es personal de salud, hay 8 médicos con el virus. No es muy alentador que digamos. Hay momentos en que me pregunto si este virus no será el fin del mundo, si no terminaremos todos muertos, mientras nos esforzamos en sobrevivir con tanta incertidumbre.

sábado, 11 de abril de 2020



Una vez, mi madre dijo "éramos felices y no nos dábamos cuenta". Ahora,  mientras nos vemos obligados a renunciar a tantas cosas sencillas que antes podíamos hacer o tener y no apreciábamos lo suficiente, se me ocurre preguntarme si será así, como lo decía mi madre.
Salimos a dar una vuelta por el barrio. Las calles vacías, las casas cerradas como si no habitara nadie en ellas, los autos estacionados juntando polvo, las plazas con juegos infantiles que nadie usa, comercios con las persianas bajas, solo algunos perros que han obtenido el derecho a salir solos a buscar un sitio donde hacer sus necesidades nos miran con curiosidad y se acercan en busca de alguna demostración de afecto. Pero no, mejor no tocar a los perros, porque tal vez el virus se haya instalado en sus pelajes, ya sabemos que a los animales no les afecta, solo para los humanos es peligroso. Caminamos inseguros (al menos yo lo hago con esa sensación), pensando que tal vez estamos en transgresión, que puede aparecer un policía y preguntarnos qué estamos haciendo, las personas mayores deben estar en sus casas, cuidándose. Pero ni los policías andan por esta zona, parece un barrio deshabitado, como si algún extraño suceso hubiera obligado a sus habitantes a marcharse.
 Es cierto, todo esto es subjetivo, puede que sea una manera exagerada de ver las cosas, después de todo, de pronto aparece una pareja joven caminando uno junto al otro, conversando con naturalidad. Y otra pareja, de mediana edad, con una bolsa cargada de verduras. La mujer lleva un barbijo, el hombre no. Entonces, ellos también saben del virus, saben que "hay que tener cuidado". Pero, ¿qué significa eso, exactamente?
Ayer, el presidente dijo que estamos peleando contra un enemigo invisible, que puede estar en cualquier parte, que no sabemos quiénes lo llevan consigo, eso es lo que asusta. Voy a comprar pan y me pregunto si la empleada, que no tenía guantes ni se limpió las manos con alcohol en gel antes de entregarme la bolsa, no habrá tocado el dinero con que le pagó un hombre que compró antes que yo y que, posiblemente, había estado con su tía, su amigo o su vecino portador del virus,¿cómo podemos estar seguros?.
Dicen que no debemos ser paranoicos, pero de alguna manera la paranoia se nos está transmitiendo por vía del conocimiento parcial (es parcial porque, como dijo el presidente, el enemigo es invisible...) y si no lo hicieran de este modo, tal vez no tomaríamos ni la menor medida de seguridad, tocaríamos al perro callejero, guardaríamos el pan sin cambiarlo de envase, entraríamos a casa sin cambiarnos el calzado, no lavaríamos el piso del pasillo de entrada con lavandina. No haríamos nada de lo que significa "cuidarse", algo que todos nos dicen permanentemente: cuidate. 
Y nos cuidamos, pero no nos sentimos felices. 
Dicen que hay que disfrutar de esta etapa de introspección, que debemos valorar lo que tenemos, pero alguien, de pronto, plantea que "estamos perdiendo la libertad individual tan duramente ganada a través de la historia" y me pregunto, sí, una vez más, si antes del virus teníamos todo para ser felices y no nos dábamos cuenta. 
Como decía mi madre.

martes, 7 de abril de 2020



Definitivamente, el 7 de abril podemos decir que, sin lugar a dudas, ha iniciado el otoño.
El sol mendocino sigue haciéndose presente, pero no ya a lo largo de todo el día, sino solamente de a ratos. Luego, una fina capa de nubes lo cubre y empezamos a sentir frío, un frío aun leve, pero que ya nos obliga a tomar conciencia de que hay que ir preparando la ropa de abrigo.
Mientras tanto, el virus que ha llegado para desordenar nuestra rutina de vida continúa sin darse por aludido, sigue avanzando en Argentina y en todo el mundo.
En nuestro país, durante la jornada de hoy las autoridades nacionales de sanidad han informado que el número de muertos por coronavirus ha ascendido a 60, en tanto que el total de infectados es de 1715. 
De estos casos, el 43% se originó en personas que realizaron viajes al exterior, 34% por contacto con quienes hicieron viajes y un 12% por transmisión comunitaria.


Las víctimas fatales han sido un hombre de 44 años, que había viajado a España y Chile, que falleció en la provincia de Mendoza; un hombre de 80, en la ciudad de Buenos Aires; dos residentes de la provincia de Buenos Aires, de 51 y 68 años y, finalmente, un hombre de 68 años, de Capital Federal.
Como hecho positivo, se destaca que se hay 123 laboratorios habilitados en todo el país para realizar las pruebas de comprobación de coronavirus, lo que va a permitir mayor certeza sobre la localización de casos positivos, además de acelerar la llegada de los resultados.
Al mismo tiempo, el gobierno nacional ha dado a conocer la lista de las actividades que se han añadido a la lista de sectores exceptuados del cumplimiento de la cuarentena obligatoria, quienes deberán tramitar el Certificado Único Habilitante para Circulación COVID 19.
Las actividades exceptuadas a partir de hoy son:
La venta de insumos y materiales de la construcción provistos por corralones.
Actividades vinculadas con la producción, distribución y comercialización forestal y minera.
Curtiembres, aserraderos y fábricas de productos de madera, fábricas de colchones y de maquinaria vial y agrícola.
Actividades relacionadas con la exportación de productos ya elaborados e importaciones esenciales para el funcionamiento de la economía.
Servicios de mantenimiento y fumigación.
Mutuales y cooperativas de crédito, mediante guardias mínimas de atención a fin de garantizar el funcionamiento del sistema de créditos y/o pagos.
Inscripción, identificación y documentación de personas.

En medio de las dudas que se originan a partir del continuo incremento de casos de infectados, prosiguen las dudas sobre el uso o no de barbijos o mascarillas caseras para salir a la calle. En España, lo hacen todos quienes salen de sus casas, aunque hasta hace unos días no lo consideraban imprescindible. 
En algunas provincias argentinas, se ha decretado su uso obligatorio; Catamarca, La Rioja, Jujuy, Salta y Santiago del Estero. Teniendo en cuenta la posibilidad de que esta medida se haga extensiva a otras provincias, abundan en la red páginas con instrucciones para hacer barbijos caseros, algunos de ellos por medio de videos. 
Yo personalmente busqué estas páginas y confeccioné dos barbijos, que seguramente no tienen la prolijidad que hubieran tenido si los hubiera hecho mi madre, María Ernestina, pero al menos creo posible que me atreva a usarlos. Mañana tengo previsto ir al supermercado y veré si lo hago.