sábado, 11 de abril de 2020
Una vez, mi madre dijo "éramos felices y no nos dábamos cuenta". Ahora, mientras nos vemos obligados a renunciar a tantas cosas sencillas que antes podíamos hacer o tener y no apreciábamos lo suficiente, se me ocurre preguntarme si será así, como lo decía mi madre.
Salimos a dar una vuelta por el barrio. Las calles vacías, las casas cerradas como si no habitara nadie en ellas, los autos estacionados juntando polvo, las plazas con juegos infantiles que nadie usa, comercios con las persianas bajas, solo algunos perros que han obtenido el derecho a salir solos a buscar un sitio donde hacer sus necesidades nos miran con curiosidad y se acercan en busca de alguna demostración de afecto. Pero no, mejor no tocar a los perros, porque tal vez el virus se haya instalado en sus pelajes, ya sabemos que a los animales no les afecta, solo para los humanos es peligroso. Caminamos inseguros (al menos yo lo hago con esa sensación), pensando que tal vez estamos en transgresión, que puede aparecer un policía y preguntarnos qué estamos haciendo, las personas mayores deben estar en sus casas, cuidándose. Pero ni los policías andan por esta zona, parece un barrio deshabitado, como si algún extraño suceso hubiera obligado a sus habitantes a marcharse.
Es cierto, todo esto es subjetivo, puede que sea una manera exagerada de ver las cosas, después de todo, de pronto aparece una pareja joven caminando uno junto al otro, conversando con naturalidad. Y otra pareja, de mediana edad, con una bolsa cargada de verduras. La mujer lleva un barbijo, el hombre no. Entonces, ellos también saben del virus, saben que "hay que tener cuidado". Pero, ¿qué significa eso, exactamente?
Ayer, el presidente dijo que estamos peleando contra un enemigo invisible, que puede estar en cualquier parte, que no sabemos quiénes lo llevan consigo, eso es lo que asusta. Voy a comprar pan y me pregunto si la empleada, que no tenía guantes ni se limpió las manos con alcohol en gel antes de entregarme la bolsa, no habrá tocado el dinero con que le pagó un hombre que compró antes que yo y que, posiblemente, había estado con su tía, su amigo o su vecino portador del virus,¿cómo podemos estar seguros?.
Dicen que no debemos ser paranoicos, pero de alguna manera la paranoia se nos está transmitiendo por vía del conocimiento parcial (es parcial porque, como dijo el presidente, el enemigo es invisible...) y si no lo hicieran de este modo, tal vez no tomaríamos ni la menor medida de seguridad, tocaríamos al perro callejero, guardaríamos el pan sin cambiarlo de envase, entraríamos a casa sin cambiarnos el calzado, no lavaríamos el piso del pasillo de entrada con lavandina. No haríamos nada de lo que significa "cuidarse", algo que todos nos dicen permanentemente: cuidate.
Y nos cuidamos, pero no nos sentimos felices.
Dicen que hay que disfrutar de esta etapa de introspección, que debemos valorar lo que tenemos, pero alguien, de pronto, plantea que "estamos perdiendo la libertad individual tan duramente ganada a través de la historia" y me pregunto, sí, una vez más, si antes del virus teníamos todo para ser felices y no nos dábamos cuenta.
Como decía mi madre.
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