martes, 7 de septiembre de 2021

Un año enmascarados

 Parece mentira que haya pasado más de un año desde el inicio oficial de las restricciones relacionadas con la pandemia. 

En Mendoza lo hemos pasado bastante liviano, a pesar de todo, pues los comercios trabajaron, se pudo hacer turismo interno a partir de septiembre del 2020 y ahora ya estamos prácticamente liberados.

Se sigue usando el barbijo, que ha servido para el desarrollo de la creatividad de muchos fabricantes, porque los hubo de todos los colores y dibujos posible. Finalmente, están de moda los del Conicet, que son grises, poco vistosos pero al menos no dan vueltas las orejas porque el elástico es bastante ligero.

Lo más difícil de llevar ha sido la incertidumbre sobre las vacunas y la posibilidad de que alguien de la familia se contagie. Por suerte, de mi familia nadie se ha contagiado y ya estamos todos vacunados con las dos dosis.

Durante este año y medio donde el tema central ha sido la pandemia, muchas parejas se han disuelto. La forzada convivencia sin posibilidades de pasar tiempo separados y con otras personas han dado como resultado que se han descubierto en el otro fallas insuperables, la rutina inapelable ha sido cruel y el resultado ha sido, en muchos casos, la separación. Otros, sobrevivimos la prueba, aunque no estoy segura de que no hayan quedado algunas lesiones difíciles de olvidar. Evidentemente, no estamos hechos para vivir encerrados y sin contacto con otros seres humanos. Visitarse, conversar con otros, hacer presentaciones de libros con público, ir al teatro o al cine, incluso la asistencia a las iglesias han sido suprimidas durante mucho tiempo, esto ha dejado secuelas en demasiados grupos humanos.

Ahora, estamos intentando volver a la normalidad, lenta pero inevitablemente.

Por primera vez, recibí la visita de uno de mis hijos con su mujer y una nieta, la otra no pudo venir por razones laborales. Luego, una hija de mi pareja también vino a pasar unos días en casa, hubo paseos, visitas guiadas modo turismo, mucho movimiento, pero sigo sintiendo que algo falta en nuestra vida.

Espero que no vuelva a aparecer otra complicación que nos obligue al encierro, sobre todo ahora, que se aproxima la primavera y luego, el intenso verano mendocino.


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